martes, 11 de septiembre de 2012

Sepultado, Antes de Morir.


Sepultado, Antes de Morir.


Susana T. Más Iglesias, La Habana 7 de septiembre de 2012.

Hace tan solo unos días se conoció por rumores, del fallecimiento de uno de los más antiguos y destacados trabajadores de la producción televisiva del país, Edel Camacho Darias, quien durante más de cinco décadas  dedicó lo mejor de sí a la televisión cubana.
Se inició en la misma desde muy joven con el desempeño de papeles secundarios y como figurante en obras teatrales para la televisión,  aunque también tuvo participaciones como locutor (por muy poco tiempo), actor en algunos espacios de teatro, donde  compartió papeles con la afamada actriz y directora Flora Lauten, y Armando Soler (Cholito), con posterioridad debutó en el film cubano “Mella”.  Se desempeñó con gran esmero, agilidad y precisión en series para niños y jóvenes como “Los Papaloteros”, “El príncipe y el Mendigo”, “Los Mambises” y seriales policíacos como “Los Comandos del Silencio” y “Sector 40” entre otros. También participó en diversas producciones del evento de premiaciones “Caricato”.

Su viuda y un gran amigo hicieron llegar  la comunicación del deceso con  inmediatez a la UNEAC, institución a la que perteneció desde su fundación. Así mismo, se le comunicó personalmente el deceso a la Sra. Rosalía Arnáez, conductora de la televisión y responsable del departamento al que él perteneció por largos años, para que divulgara de forma extensiva la noticia a través de los medios de difusión, como es costumbre ante la pérdida de un talentoso y conocido trabajador del medio. La noticia quedó entre las paredes del recinto, como para no darle un merecido reconocimiento a su labor.
Nadie excepto sus familiares, conoció que su cadáver fue expuesto en la Funeraria de Calzada y K. A pesar de vivir en la Lisa se determinó que fuera en esta  en espera de la asistencia de gran cantidad de personas que fueron sus compañeros y amigos a lo largo de tantos años de labor en el ICRT.
Fue uno de los tantos hombres que creyó en la revolución, y a pesar de tener a sus dos únicos  hijos fuera del país, y la oportunidad de viajar al extranjero, nunca pasó por su mente residir en otro lugar que no fuera este.
Ese es el adiós que se da a quienes no pertenecen a la cúpula de  los consentidos del ICRT y el Ministerio de Cultura.

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