jueves, 12 de diciembre de 2013

Cosas Más Importante que un Niño.

Cosas Más Importante que un Niño.

Susana T. Más Iglesias, La Habana 15 de noviembre de 2013

La frase “Nada es más importante que un niño”, que formuló nuestro Apóstol, y reprodujo el gobierno revolucionario de forma constante en todas las divulgaciones de promoción política, al parecer pasó a ser una segunda expectativa a la hora de tenerlos en cuenta. De nada sirve que ostenten en reportajes televisivos las condiciones de una sala (la cual  preparan para ocultar la verdad), si las personas de pueblo que acuden a diario saben que las condiciones de todos los hospitales del país son  críticas.
Se puede comenzar por analizar que los hospitales infantiles de la ciudad, los que se supone sean el ejemplo de buen estado e higiene, carecen de buen aspecto en su edificación, las salas muestran el pésimo estado de paredes, puertas, ventanas y baños, así como también fregaderos de los pantry, sumado a ello las tuberías que abastecen de agua a trabajadores y pacientes.
Lo que no se entiende es que se dé prioridad  a la reparación  (después de 17 años) del cabaret Tropicana de Santiago de Cuba con vista a su explotación en el renglón turístico, y como si fuera poco se divulga la noticia por los medios de difusión masiva como algo relevante, sin antes analizar que los hospitales destinados a infantes, en términos generales están en total abandono.
Se puede hacer un análisis crítico y advertir que el estado ha dirigido más dinero a la construcción de hoteles y su avituallamiento que a mantener una política de salud con el mayor bienestar en aras de mantener la misma en óptimas condiciones. De hecho, como ejemplo está el mismo edificio donde se encuentra el Ministerio de Salud, el cual cae a pedazos por dentro, con cristales rotos de años y en  sus escaleras la presencia del deterioro por el tiempo transcurrido desde su construcción, sin que se le  dedique un mínimo mantenimiento, a pesar de  estar situado en la céntrica  Rampa del Vedado.
Es de conocimiento que todo ministerio o institución tiene asignado su presupuesto anual para cubrir las necesidades del mismo, ¿pero a dónde va a parar la fortuna que  acrecientan  las misiones médicas que brindan los cubanos en otros países?
Hay que ser muy indolente para permitir que niños enfermos y sus acompañantes respiren toda una noche y gran parte del día el fétido olor que despiden los baños, que las mamás no tengan facilidades para lavar tan siquiera los cubiertos, a no ser que almacenen agua en alguna vasija.
Puede que exista un bloqueo monstruoso hacia la isla que no permita la obtención de  medicamentos, pero del botín adquirido por concepto de misiones bien se puede destinar una parte a la compra de sábanas, bandejas, útiles de limpieza, más reparaciones, y no olvidar  jamás que al hospital se acude por necesidad, no por deseo propio, y es allí donde la ciudadanía puede distinguir que en realidad… nada es más importante que un niño.



Publicado en Primavera Digital de Cuba

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